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Tendencias iniciales El siglo XIX, es un período de la historia de Honduras faltante de análisis, los grandes cambios, expresados en la independencia, en la gestión morazánica, en la larga etapa conservadora, en la reforma liberal, en las constantes revoluciones y en la penetración de las ideas liberales en una sociedad tradicional: nos brinda una visión de lo complejo de esta etapa histórica, en este siglo quedaron marcadas las líneas fundamentales de la contemporaneidad hondureña. La etapa de la independencia, 1821, se inicia con un fuerte receso económico: la falta de beneficio de las minas, de la extinción del cultivo del añil por la falta de mano de obra, la de una pobreza generalizada que se agrava con la falta de circulante de plata a causa del contrabando y comercio con los ingleses. La concentración por regiones de la riqueza ganadera es para este siglo fuente de inquietud y revoluciones, las distantes áreas geográficas entre sí, la falta de vías de comunicaciones, fueron factor de división política, y más cuando un caduco sistema impositivo, legado de la colonia, impedía el libre comercio interregional, esto crea un desarrollo desigual entre las diferentes regiones hondureñas. La minería se convertirá en factor clave de la organización económica hondureña hasta la reforma liberal, que con sus nuevas conexiones, su ideología y las facilidades legales, facilitará la entrada de capital extranjero, será el principal rubro de exportación, durante las dos últimas décadas del siglo. Esto dará lugar a una política de exenciones fiscales y privilegios a la empresa que garantice a nivel internacional un mercado. Una de las alternativas económicas fue, aumentar la posesión de tierra y en reforzar patrones de explotación de la misma, que contribuyeron a deteriorar la situación del campesino. La reforma liberal con su interés por convertir la tierra en valor de mercado y con sus facilidades para la colonización de nuevas tierras, no hizo más que acelerar la tendencia hacia el latifundio. Es entre otros fenómenos señalados: la búsqueda de estabilidad política, interrumpida tanto por las guerras fraticidas como por la ingerencia de los países vecinos en asuntos internos; un estado débil producto de la hegemonía de caudillos nacionales y regionales predominaron sin lograrse la institucionalidad; el intento por desarrollar económicamente a la nación quedó inconcluso. La constitución liberal de 1880 no duda en dar mayores privilegios a los extranjeros con respecto a la adquisición de tierras. "El éxito económico de la reforma liberal", su racionalidad en la administración civil que producirá resultados espectaculares que se verá paliado por el ritmo de apropiación individual de la riqueza que impedirá a grandes sectores beneficiarse del nuevo desarrollo económico. Una saludable diversificación y la existencia de procesos de mercado internacional fue elemento modificador al impulsar el Estado a partir de 1880. El renacimiento minero (plata) y la apertura a la inversión extranjera, provocó dos situaciones: la integración plena al mercado mundial y la tendencia hacia la monoproducción especializada. El ejercicio inicial de soberanía tuvo su primer desafío por el hecho de que el país contaba con fronteras indefinidas con sus vecinos, legado de la herencia colonial; además, partes importantes del territorio o estaban bajo control foráneo directo (Islas de la Bahía) o bajo una virtual autonomía (La Mosquitia). Una combinación de coyunturas internacionales (rivalidad anglo-norteamericana), más el talento y tenacidad de la diplomacia hondureña, hicieron posible que en 1859, con la firma del tratado Wyke-Cruz, Gran Bretaña devolviera a Honduras las Islas de la Bahía y La Mosquitia, durante la administración Guardiola. Con Nicaragua, a partir de 1896 empezó a negociarse el trazo de la frontera; en 1904 ambas partes designaron al Rey de España, Alfonso XIII como árbitro para resolver sus diferencias; éste emitió laudo en 1906, el cual no fue reconocido por Nicaragua, por lo que hubo necesidad de someter la controversia a la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia, la cual, en 1960 resolvió “…que el laudo pronunciado por el Rey... es válido y obligatorio y que Nicaragua está obligada a ejecutarlo”. Con Guatemala, las primeras gestiones por delimitar se remontan a 1895; en 1933 el tribunal de arbitraje escogido por ambas partes dio su fallo, acatado por las dos naciones. Con El Salvador las disputas iniciales se remontan al siglo XVIII; luego de varios intentos, y de una guerra breve pero sangrienta en 1969, los dos países escogieron como mediador al expresidente peruano Luis Bustamante i Rivero quien logró acercarlos, firmando el Tratado General de Paz; empero, al continuar la controversia respeto a determinados puntos resolvieron exponer sus reclamos ante la Corte Internacional de Justicia, la que emitió su fallo en 1992; actualmente se prosigue en la labor de demarcación. Falta aún delimitar las fronteras marítimas con las naciones de la cuenca del Caribe.
Reforma Liberal de 1876 Sus antecedentes se encuentran en el conjunto de medidas implementadas, por vez primera en América Española, por Francisco Morazán, Mariano Gálvez, y aquellos que conformaron la primera generación liberal del istmo centroamericano: libertad de cultos, educación popular, separación Iglesia-Estado, fomento a la inmigración entre otras iniciativas. Marco Aurelio Soto, con la eficaz colaboración de Ramón Rosa (1848-1893), decretó la primera legislación republicana que reemplazó a la española: Códigos de Comercio, Civil, Instrucción Pública, Minería, Penal; reapertura de la Universidad; inauguración del Hospital General, de la Biblioteca y Archivo Nacional, establecimiento del sistema educativo en sus tres niveles primario, secundario y superior; fundación de la Dirección General de Estadística y la Casa de Moneda, construcción de las primeras líneas telegráficas; apertura del Correo Nacional, apertura de una carretera entre la capital y San Lorenzo; fomento de la minería y cultivo del café. Entre 1876-1883. Estos elementos de modernización, entre otros, son los que dan paso en parte en la Conformación del Estado de Honduras. Esta labor de modernización capitalista fue continuada por sus sucesores: Luis Bográn, en su periodo presidencial entre 1863 al 1872, quien inició el otorgamiento de concesiones a nacionales y extranjeros en la Costa Norte, con el propósito de estimular el desarrollo económico de esa región, poseedora, hasta entonces, de un gran potencial; Policarpo Bonilla en su mandato presidencial de 1884 a 1899, Terencio Sierra, entre 1899 al 1903, Manuel Bonilla, entre 1903 a 1907; todos ellos eran de la idea, que la apertura a la inversión foránea, mediante la concesión de tierras nacionales y exenciones fiscales, sería el eje motor que traería consigo capitales y tecnología generando empleos y otras actividades económicas secundarias bajo control de empresarios nacionales.
Siglo XX Si para 1901 la población hondureña alcanzaba 439.367 habitantes, para el 2005 se proyecta un número cercano a los 7 millones de ciudadanos. Así, en un poco más de cien años el crecimiento demográfico ha sido rápido, si bien desigualmente distribuido ya que se concentra en el sur, centro y noroccidente en tanto los departamentos de Gracias a Dios y Olancho (con el 14.8% y 21.7% del territorio), ubicados en el oriente y nor-oriente presentan los índices más bajos de habitantes por kilómetro cuadrado. La inestabilidad política continuó durante las primeras dos décadas de esta centuria. De hecho la última rebelión armada ocurrió en 1932. Una serie de acontecimientos políticos, económicos y socioculturales tuvieron lugar a partir de la apertura democrática y modernización del aparato estatal después de la dictadura que culminó en 1948. En 1956 se establece el derecho al voto universal, mediante la eliminación de todo tipo de restricciones censatarias, étnicas y de género. Se registra un incremento sustancial del gasto social en educación; el presupuesto aumentó de un 8% a un 16% del PIB. Se crean instituciones que fortalecen la política social del Estado y se emiten legislaciones sociales entre los que se destacan el Código del Trabajo e Instituto Nacional Agrario y diversas organizaciones sindicales, campesinas y empresariales y de carácter gremial asumen un papel protagónico en la sociedad hondureña. Este siglo presenció el rápido y espectacular crecimiento económico, poblacional, urbanístico de la Costa Norte: San Pedro Sula, La Ceiba, Tela, El Progreso y Puerto Cortés que, se convirtieron en prósperas ciudades con sus respectivas áreas de influencia. La creciente expansión de la población hacia centros urbanos, lleva consigo alarmantes problemas sociales que, con el paso del tiempo, tienden a agravarse: inseguridad ciudadana, deficientes servicios básicos, violencia, déficit habitacional, deterioro en la calidad de vida, insuficiente generación de empleos y migración rural e interurbana. Tegucigalpa es el centro político administrativo, San Pedro Sula es, desde hace varias décadas, el epicentro industrial, comercial y financiero, tendencia saludable que impide, a diferencia de otras naciones latinoamericanas, que la riqueza y el poder estén concentrados en una y la misma ciudad. La segunda mitad del siglo XX presenció la aceleración de un proceso de modernización. Es a partir de 1950 que se perfilaron cambios institucionales, económicos y sociales, cuyas repercusiones se hacen sentir hasta el presente.
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